Déjame ser débil y llorar hoy, mañana volveré a ser fuerte.

La vida, aunque corta, a veces nos parece muy larga, y cuando menos te lo esperas te da un revés, como cuando te diagnostican una enfermedad crónica, de la que nunca habías oído hablar. De golpe, de un día para otro, pasas de ser una persona sana a ser una persona enferma. Y tu vida cambia. Ya no puedes salir como antes, es más, casi nunca sales porque coger el metro te parece algo imposible, guardas todas tus energías para poder ir a trabajar y la consulta del médico se convierte en tu segunda casa. Tomas esta medicación, y aquella otra, y te operan, y parece que mejoras pero no, vuelves a recaer, y te vuelven a cambiar la medicación, y nada, y te vuelven a operar y tampoco nada. Y tu vida se convierte en una monotonía de dolor.

Tu familia pone buena cara pero está destrozada por dentro, y lo peor es que tú lo sabes aunque ellos callen, tu marido te mira con esa mezcla de amor e impotencia que te provoca un nudo en la garganta, y tus amigos vienen a verte a casa, los que vienen, porque tú ya apenas puedes salir. Pero tú te esfuerzas, en estar bien y ser feliz, y aunque a veces lo consigues otras veces te rompes. Y es en esos momentos en los que todo el mundo te intenta animar. Te dicen que has de valorar las cosas buenas, ser positiva o que hay cosas peores, como si fuera obligatorio estar siempre feliz. Y luego está esa persona que simplemente se sienta a tu lado y te dice: “lo siento, es una putada lo que te está pasando pero estoy aquí, a tu lado, por si me necesitas”. Y joder, ¡que bien sienta! de golpe sientes que tienes derecho a la pataleta, a llorar, y a estar triste, pero te das cuenta de que pese a eso, tú eres fuerte. Porque tú si valoras la vida, valoras cada momento en que te sientes mejor, valoras cada abrazo que te da tu familia, esos abrazos que sin decir, dicen mucho, valoras la esperanza de ese nuevo tratamiento que te van a dar, y sobre todo, valoras diferente. 

No hace falta sonreír siempre. No hace falta hacer ver que no pasa nada. No hace falta bailar hasta que se termine la canción. Tampoco hace falta que los demás sonrían. Ni que te digan que todo se solucionará. Simplemente, no hace falta. 

Romperte y caerte no es malo. Llorar tampoco. Todo lo contrario, es sano. Porque nunca, nadie, puede estar siempre al 100%. No importa cuantas veces te caigas, lo que importa, es cuantas veces te levantes.

Déjame ser débil y llorar hoy, mañana volveré a ser fuerte.

Besos. Endowarrior.

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