Puedo vivir sin hijos, pero no puedo vivir sin ti.

“- ¿Me lo estás diciendo en serio? – Me dijo.

– Si, entiendo que para mucha gente formar una familia es su propósito en la vida, y tú siempre has querido tener hijos, yo no puedo dártelos así que te doy la libertad para que te marches, no voy a montar un drama, puedes irte si quieres.

Yo quiero estar contigo, los hijos me dan igual, al fin y al cabo los hijos crecen y se van, pero yo quiero vivir el resto de mi vida contigo. No me voy a ir a ningún sitio. ¿Si yo me pusiera enfermo, te irías? ¿Qué clase de persona crees que soy?”

Que gilipollez eso de sentirte culpable cuando no puedes tener hijos y cuando tu pareja siempre ha querido tenerlos. Como si fuera culpa nuestra el estar enfermas. Como si no tuviéramos bastante con vivir con dolor, con operaciones y con mil medicaciones. No tenemos bastante que nos cargamos más la mochila. Que gilipollas y que humanas. 

Cuando él me preguntó si yo me marcharía si se pusiera enfermo, me dí cuenta de lo egoísta que estaba siendo no compartiendo con él mi dolor y dando por hecho que su amor no iba a ser suficiente para superar mi infertilidad. También me dí cuenta de la losa que le cargaba a las espaldas, haciéndolo sentir culpable por las veces que me había insistido para que nos pusiéramos a buscar un hijo (antes de diagnosticarme endometriosis) y lo mucho que se arrepentía ahora, porque, según él, creía que si no me hubiera dicho nada a mi no se me haría tan duro el no poder tenerlos.

Cuando conocimos a la primera hija que hubo en mi grupo de amigas, yo sólo podía mirarlo de reojo, valorando su reacción. La pequeña Julia era preciosa, además no paraba de reírse. Pensé: – Joder, ya podía haber salido un poco rancia, o llorona, así sería más fácil todo. Pero no. También recuerdo un día que salimos a comer, y en la mesa de lado se sentó una familia con una niña de apenas un año, y no pude hacer otra cosa que ponerme a llorar. Los de al lado debieron de pensar que me faltaba un tornillo, porque lloraba como si no hubiera un mañana, pero cuando levanté la vista lo vi, ahí sentado, mirándome y con  lágrimas en los ojos, pero él no lloraba por la niña de al lado no, lloraba por mi. Me cogió la mano y me dijo: – Puedo vivir sin hijos, pero no puedo vivir sin ti.

La infertilidad es una mierda, no vamos a engañarnos, y muchas parejas no la superan, pero cuando no sólo la superas, si no que él asume tu infertilidad como “vuestra”, te aseguro que sois invencibles.

“- ¿Y ahora? ¿Que haremos? – Le pregunté.

– Construir y vivir nuestro mundo, pero siempre juntos – Contestó.”

Y así es como confirmé que era el amor de mi vida, aunque ya tenía mis sospechas.

Besos.Endowarrior.

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