Melanny Caldas

Mi nombre es Melanny Caldas soy de Perú y tengo 23 años. Fui diagnosticada de endometriosis en diciembre del 2016, pero en realidad tengo esta enfermedad hace 10 años desde que empezó mi periodo menstrual. ¿Cómo lo sé? Muy sencillo. Desde que tuve mi primera menstruación a los 13 años sufrí de dolores insoportables. Incluso llegue a estar hospitalizada sin saber el motivo de mis dolencias y cuando me venía el periodo todos mis estragos se reducían al mínimo. Pase por cuadros críticos, como la deshidratación, perdí la vista en dos ocasiones y en una estuve a punto de morir. En otra ocasión similar, se reunieron cinco doctores a examinarme, la mayoría quería operarme por apendicitis pero uno de ellos dijo que sería mejor observarme porque parecía ser endometriosis, a los días el dolor ceso y como las otras veces, la calma vino junto con mi periodo.

Es por ello, que a los 14 años mi mamá me llevo al ginecólogo que estaba tratando a mi hermana por problemas de fertilidad debido a un quiste que tenía. Mi doctor es el ginecólogo más reconocido del Perú. Me hizo una ecografía y me diagnostico ovario poliquístico. Me explicó que antes de cada periodo aparecía una gran cantidad de folículos en mis ovarios que provocaban esos dolores agudos que yo tenía. Así que me receto pastillas anticonceptivas y aunque he tenido meses de descanso y algunos cambios en las marcas, desde aquella vez no he dejado de tomarlas. Según mi doctor,  con esas pastillas estoy protegida, la verdad no soy quien para asegurarlo pero sí puedo afirmar que por mucho tiempo redujeron mis dolores de un nivel 10 a un nivel 3 o 2.  Después de ese primer diagnóstico, y tras una notoria mejoría,  a mis 17 años me dio peritonitis, los síntomas eran los mismos que los cuadros críticos que tuve en años anteriores: dolores agudos en el abdomen totalmente paralizantes, vómitos y diarreas.  Y otro suceso similar fue que después de mi operación me vino el periodo. Desde aquella vez, con la edad suficiente como para conocer mi cuerpo, supe que algo andaba mal en mí. Se lo conté a mi doctor y me dijo que mis hipótesis podían ser ciertas pero que todo andaba muy bien controlado y que cuando llegue el momento de tener bebes mis quistes seguramente desaparecerían. También me dijo que no podía dejar de tomar las pastillas anticonceptivas porque ellas regulaban mi organismo y que sin ellas podría estar peor. Tenía 17 años, ni siquiera era mayor de edad y aunque mi sexto sentido me decía que en algún momento de mi vida podía llegar a recibir una mala noticia, me quede callada. Porque mi doctor ya había hecho un diagnóstico y quien era yo para contradecirlo, él tenía que tener razón, así debían vivir las personas con ovario poliquístico. Además un año antes en su clínica habían operado a mi mamá de un mioma y todo salió muy bien.

Así que mi vida continuó, tan normal como yo creía que lo era. Pero nunca tuve una vida normal, mis dolores nunca cesaron pero se volvieron algo habitual en mí, hasta el punto en que, habían días en que los ignoraba totalmente, lo cual en una parte es bueno. Pero mi carácter era algo que nadie podía ignorar, mis cambios de humor siempre fueron notorios, de estar muy feliz pasaba a ser el grinch de la familia, y siempre lloraba en secreto, fueron muy pocas las veces que esas lagrimas tuvieron motivos contundentes. Siempre me sentí incomprendida, nunca me faltó amor pero sí comprensión, muchas veces escuché la palabra loca, histérica, engreída, malcriada, renegona, etc. Las escuche tantas veces, que cuando me decían descríbete a ti misma yo misma las utilizaba para hacerlo. Hasta que llego octubre del 2016, ya tenía varios meses en los que sentía que algo andaba mal conmigo, mis dolores habían aumentado, mis ataques de histeria eran más frecuentes y sin filtro, sufría constantes migrañas y las relaciones ya no eran tan placenteras, se volvieron dolorosas e irritables. Se lo comenté a mi hermana y a mi mamá pero no fui insistente, tenía miedo de recibir una mala noticia. Pero tras algunas semanas de dudas, me vi obligada a ir porque mi mamá pago la consulta y reservo el día. Cuando el doctor me hizo la ecografía transvaginal, empezó un coro de gritos con una mezcla de llanto y ruegos, mi útero estaba un poco desviado y tenía una secreción muy notoria, así que el doctor dijo algo parecido a lo siguiente “si no es cáncer puede que sea endometriosis”, casi me da un paro cardíaco. Empecé a temblar porque ninguno de los dos diagnósticos me parecía lindo. Empecé a recordar la primera vez que hable con él para preguntarle qué era lo que tenía y la frase “felizmente no tienes endometriosis” rondaba en mi cabeza, sumada a ella la imagen de mi abuelita postrada en cama muriendo de cáncer. Minutos después, mi doctor dijo que había hecho un análisis a la materia que había encontrado en mi útero y que no era cáncer, pero que me tenía que realizar laparoscópica para ver si efectivamente era endometriosis. No me dijo más, hasta ese momento e incluso después de la operación yo tenía entendido que al extirpar todas esas “telarañas” que tenía en mi interior todo se iba a solucionar.

Pero no fue así, días después de mi operación me vino el periodo así que me realice una ecografía, en la que apareció un quiste enorme. Ya se imaginaran mi impotencia, cualquier persona espera encontrarse sana después de una operación, pero ese no era mi caso. Mi doctor nunca me dijo que la endometriosis no tenía cura solo me dijo que si no me controlaba podía volver a aparecer y sobre ese quiste nuevo me dijo que era porque yo siempre he tenido ovario poliquístico y me dijo sutilmente que uno de mis ovarios ya estaba atrofiado. Era diciembre del 2016 y yo andaba más confundida que un niño cuando le enseñas a multiplicar. Así que empecé a leer por mi cuenta artículos de internet, muchos de ellos eran como mis diarios íntimos. Cada publicación, artículo y blog, fueron mis mentores que me ayudaron a madurar y a comprender que voy a lidiar con esto toda mi vida, que existe la gran posibilidad de que permanezca infértil y que la mayoría de personas no conocen esta enfermedad y la dan por un mito, por algo no real.  “Corazón que no ve, corazón que no siente”, no les pido a las personas que sientan pena sino que sientan interés por esta enfermedad porque aunque muchas de nosotras nos mostremos felices, 1 de cada 10 sufrimos por dentro cada día que pasa sin opción a una cura.

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